Cuando fui mamá hubo un quiebre en mí, un nuevo nacimiento, una nueva yo,... no pude seguir siendo la misma y tampoco me lo permití. Ser madre de múltiples me cambió totalmente, no sólo cambió mi cuerpo, también cambió mi mente y mi corazón (y es que vivo día a día con el corazón fuera de mi cuerpo porque ellos salieron de mí). Ser mamá me ha hecho más mujer, más hija, más hermana, me ha hecho ver y sentir lo que antes no veía ni sentía. Ha cambiado mis fanatismos y pasiones, ya no es lo mismo lo que me mueve.... Es Mejor! Sí que es mejor... Ser mamá me hace querer ser mejor persona cada día y hacer de este un mundo mejor para todos los niños. Gracias Hijos míos!!
Un abrazo a todos los que me leen.
Marcela.

lunes, 14 de octubre de 2013

Historia de un Milagro... Camilo, tenías que nacer!

Camilo, nombre masculino de origen hebreo "Kadmel", que significa "Aquel que es el mensajero de Dios" y es exactamente lo que parece que eres, un mensajero que Dios.

Todas las mujeres hemos querido ser regias y flacas, yo también y es por eso que en agosto del 2012 me hicieron una intervención al estómago (manga gástrica), luego de muchos exámenes médicos de rutina entro a pabellón el día 20 de ese mes. A las semanas siguientes ya había bajado de peso según lo estipulado, luego de un par de sesiones con la nutricionista me informaba que de cintura no bajaba mucho y lo atribuimos a que no seguía pauta de ejercicios como correspondía. Pasados 3 meses de recuperación, habiendo bajado un poco más de 20 de kilos algo no andaba bien y era que después de la operación no menstruaba, todos los médicos lo atribuían a mi baja de peso y los cambios hormonales, fui a 2 ginecólogos y cada uno de ellos me dijo lo mismo.

Les cuento mientras tanto que por más de 8 años siempre tome los mismos anticonceptivos y nunca tuve un problema, que siempre creí en que ser madre era una decisión personal y súper racional, que sería cuando yo quisiera. Mi vida giraba en torno a una vida ágil, estructurada, trabajólica, viajada y preocupada de lo que me rodeaba andando a mil por hora todos los días.

Ya pasados esos 3 meses y en la ida del tercer médico que me envió a hacer exámenes para descartar cualquier cosa, los resultados estuvieron un sábado 1 de diciembre, los baje por internet y comencé a leerlos, en lo poco y nada que sé de medicina, pero “San Google” me preocupo más aún cuando el examen de sangre de embarazo marcaba 7.335 de algo que ni hoy me acuerdo, en los foros de Google decían que si uno tenía entre 0 y 0.5 era que no estaba embarazada, imagínense!!!. Llame por teléfono a una amiga para que me orientara (ella es matrona), le envié los exámenes por foto y efectivamente me dice que si estoy embarazada. Partí a la farmacia más cercana, salgo de mi casa y como nunca me encuentro con mujeres embarazadas y muchos niñ@s, compre el test de embarazo y efectivamente me sale positivo. Aquí es cuando les debo contar que en el mes de Julio (cuando se supone que ya estaba embarazada) mi jefa un día me miró a los ojos y me dijo que estaba embarazada, obviamente no creí y ella me envió a hacer un test, que salió negativo en su momento (test que aun guardo).

Ese sábado 1 de diciembre llamo a mi hermana que se encontraba en Quillota para que me acompañara a la clínica, porque no aguantaría esperar mucho tiempo. Hasta ese momento yo aún seguía incrédula y si se me pasaba por la mente estar realmente embarazada, siempre creí que eran algo así como 1 o 2 meses de embarazo, pensando en después de la operación.

Llego a la clínica, muestro mis exámenes, digo que llegue con mucho dolor en el vientre (que era mentira) y me examinan, efectivamente estaba embarazada. Llaman a un obstreta  por que dije que no me movería de ahí hasta saber como estaba ese bebe de 1 o 2 meses, me hacen una ecografía y el doctor me dice amablemente que el bebe se encuentra en buen estado y que esta creciendo bien para las 24 semanas que tenia, yo no teniendo idea eso de las semanas, él me dice que son 6 meses! Imagínense! 6 meses! Ahí mismo me entero que es varoncito y que todo se ve “normal”. Casi muero! No llore, ni me emocione, solo quede en shock. Uno que vive inserta en un mundo de prejuicios lo primero que pensé era como decía al mundo que estaba embarazada, que tenia 6 meses y que era hombrecito! Toda una sorpresa.

Luego de cortos 3 meses de embarazo un 11 de marzo nace Camilo, ese niño que gracias a Dios llegó sano y sin una sola complicación, es mi milagrito, que hoy pienso en que la vida no es tan cuadrada como uno cree, que uno por más que programe su vida, solo Dios sabe que pasará con nosotros y hoy más que nunca creo en que sí existe alguien que nos manda lo mejor a nuestras vidas.


Denisse Madrid Larroza.


Denisse y Camilo, su milagrito.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Mi Lactancia Materna con Mellizos

Soy mamá de mellizos. 
Mis hijos nacieron a las 36 semanas de gestación, rompí fuentes el día que cumplí las 36 semanas. Nacieron por cesárea.

Prácticamente no se activó mi canal de parto, no tuve contracciones de parto ni dilatación, por lo tanto mi liberación de hormonas del amor (occitocina y prolactina) fue más lenta, y con ello mi bajada de leche también lo fue.

Yo quería amamantar a mis hijos, pero las enfermeras me dijeron que eran demasiado pequeños para succionar y era mejor que no gastaran sus energías en alimentarse, sino en regular su temperatura y mantener sus signos vitales, por lo que su alimentación fue por medio de una sonda (primero suero y luego relleno) durante los 3 primeros días. Yo quedé tan agotada de mi cesárea que, si bien me lo cuestioné (quería darles de mi leche que aún no asomaba) pero mi cuerpo sólo quería descansar y recuperarse del dolor, así que no insistí.

Al segundo día las enfermeras me dijeron que me comprara un sacaleches ya que, como mis hijos no podían succionar aún, yo igual debía comenzar a estimular la succión en mis pechos para ayudar a la bajada de la leche. No salía nada, y yo tenía mucho miedo de no poder amamantar a mis hijos, mucho. Ya al cuarto día les sacaron la sonda, ya podían comenzar a succionar, pero (como eran tan pequeñitos) los doctores preferían asegurarse de la cantidad de leche que tomaban y les dieron relleno con mamadera, no me gustaba la idea, pero pensaba "algo tienen que comer, y yo no tengo leche, y si no engordan pronto entonces mas tarde saldrán de aquí". Ahí yo pedí ponerles el pecho (porque ya podían succionar, no habían más excusas!) y me lo permitieron, así que comenzaron a recibir mi calostro (que yo veía que era tan poquito cuando intentaba sacarme con el sacaleches) pero estaban recibiendo parte de mí, su parte, lo que les pertenecía por derecho propio. Así, cada vez que les tocaba su relleno, me permitían PRIMERO ponerles el pecho hasta que ellos dejaran de tomar, y luego ofrecer el relleno si quedaban con hambre. Así hasta que les dieron el alta (a los 7 días de nacidos), y les dejaron 60ml de relleno cada 3 horas para la casa.

Llegamos a la casa, mi esposo fue a comprar el relleno, y comenzamos nuestro "proceso". Mi intención era lograr darles sólo pecho, así que no hice lo que me dijo el pediatra, sino que les daba pecho durante todo el día, y en la tarde y la noche un relleno, "por si quedaban con hambre" pensaba yo. A la vez, yo no tenía tanta leche, mi flujo aún no se regulaba en cantidad para mis dos guaguas y ellos a veces quedaban llorando o no me "soltaban nunca".

Los 3 primeros meses fueron MUY difíciles en relación a la lactancia, no terminaba con uno cuando el otro ya tenía hambre, y darles a los dos juntos era complicado al principio porque eran muy pequeños (me los llevé de alta con 2 kilos y gramitos cada uno), sus cabezas no estaban firmes, entonces se imaginarán que sola no podía "acomodármelos" en los pechos, y afirmarlos era muy cansador, y mi cojín de lactancia no me servía aún (porque ellos eran muy pequeños), pero ya a los 2 meses pude usar el cojín. Esos 3 primeros meses fueron INTENSOS, yo todo el día  prácticamente en la cama con ellos, sin levantarme y con las pechugas afuera (porque tomaban, a lo más, cada 1 hora con suerte, por lo general menos, y muuuucho rato en la pechuga). Como era de esperar, recibí comentarios miles, que iban desde "tienes poca leche" a "pareces una vaca lechera todo el día con la teta afuera". Comentarios que no me eran agradables, aunque el segundo pueda sonar chistoso para algunos (pero yo estaba tan agobiada con todo que no me hacía ninguna gracia. Ahora, pasado el tiempo me lo han vuelto a decir a veces, pero ya "no pesco"), del mismo modo, me acosaban las "recomendaciones" de "Dale Relleno!" con decenas de pretextos (desde que no sentirán hambre en un buen rato, hasta que yo iba a descansar), pretextos que probablemente eran ciertos en alguna medida, pero... Yo quería darles lo mejor! Darles de mí. Todo esto implicaba andar con pijama todo el día, que me llevaran la comida a la pieza o no hubiese comido (mi mamita cumplió esa labor) porque era imposible para mí bajar de un segundo piso con los dos. Me bañaba cuando podía, cuando mi marido llegaba del trabajo y los podía ver o cuando mis papás o hermanos estaban en la casa y los podían ver, cosa que no siempre sucedía.

Me sentía atrapada, sucia, sentía que me enfermaba, sin fuerzas, cansada, MUY CANSADA! pensaba que esa etapa no iba a pasar, la sentía interminable, y me costaba mucho. Sin dudas que había momentos en que mi alegría era mucha (digo mi alegría refiriéndome a la emoción, ya que yo era y soy feliz), pero otros en que me embargaba la frustración de no poder hacerlo bien, o no como pensaba que iba a ser.

Siguió pasando el tiempo y, con mis hijos, nos fuimos conociendo, yo sus llantos, sonidos, movimientos y señales varias, y ellos a mí, mi voz, mi risa, mi llanto, mi olor... y nuestros tiempos se fueron ordenando, adaptando a lo que nos acomodaba a todos, y poco a poco todo iba mejor.

Recuerdo que al principio TODOS LOS DÍAS tenía que volver a DECIDIR SEGUIR DANDO PECHO (por todo lo que comenté antes). Afortunadamente no sufrí de dolores ni grietas en mis pechos, dar de mamar no fue doloroso, mis pechos se fueron adaptando a la succión DOBLE de mis hijos, pero el cansancio era abrumador, sin embargo perseveré.

Sólo era cuestión de tiempo para que  mi lactancia "madurara" y dar el pecho (a dos guaguas) fuese un momento de paz y tranquilidad.

Hoy sigo dando pecho, mi lactancia materna es exclusiva (pude dejar el relleno, con voluntad y perseverancia), y complementamos de a poco con alimentos sólidos, y lo más importante: mi lactancia es PLACENTERA, y me gustaría darles durante todo el tiempo que mis hijos y yo decidamos juntos.


Acá una foto de nosotros cuando se detiene el tiempo a pesar del caos que pueda haber alrededor.
(Mis hijos tienen 8 meses de nacidos, más 8 de gestación, 16 meses de vida.)