Muchas veces pasa que los juguetes convencionales no son parte de la atención de mis pequeños y ahí es cuando la creatividad debe aparecer de una u otra forma. Este día se me ocurrió vaciar un poco de porotos (que había en la casa de mi mamá) sobre la tapa de una mesa de mi sobrino. A ellos les pareció digno de curiosear.
Alonso quiso probar uno, Martín (mi sobrino) estaba feliz juntándolos en su cajita plástica
De pronto Agustín se los quiso comer todos...
Y a Alonso le pareció entretenido ponerse sobre la tapa, sintiendo cómo los porotos lo hacían resbalar...
Y no se resistió a pararse y moverse locamente (he ahí que se vea distorsionado en la foto jejeje). Por su parte Martín y Agustín seguían concentrados...
El juego dura hasta que los pequeños quieran!
(No olvidar que es necesario recoger todo cuando el juego termine, tooooodo! que ningún porotito quede por ahí porque podría causar alguna caída o atragantamiento).




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